Rueda sobre Mallarmé

En España, que tiene sangre literaria propia, idioma amplísimo, prosodia polifónica y todas las músicas nuevas, dentro de su índole, que yo le he dado en los veinticinco años últimos en España, que yo he hecho más sinfónico que una orquesta y más pictórico que una paleta de pintor, y que están todas esas condiciones modernas que yo le he dado curadas al sol, rociadas con gotas sublimes de vinos Jerez para que sean sanas y estén embalsamadas; en España, repito, donde bajo mi pluma ha brotado una nueva prosodia española y un nuevo colorido español, y se ríe a grandes carcajadas la gente de gran afinación, de esas idioteces de «Monsieur Mallarmé» paseadas por América por sus imitadores (impersonales y automáticos) como se pasean por los viajantes de joyería falsa, los diamantes americanos, que aquí llamamos gráficamente diamantes de culo de vaso. Ni la matriz poética del clorótico Mallarmé era capaz de concebir hijos rítmicos con las piernas en su sitio, y los ojos en su sitio, y que fuesen armónicos, ni semejante titiritero de la lírica supo jamás, porque era un impotente, lo que era ser padre digno, ni artista grande y potente. Cuando se engendran hijos rítmicos (versos), que tengan una pierna más larga que otra, un ojo en su sitio y el otro en un carrillo, un brazo natural y otro de un kilómetro, esos hijos se llaman fenómenos y se ven en los barracones de las ferias a diez céntimos la entrada.

Los románticos transformaban la prosodia y el espíritu clásico engendrando creaciones como hombres, no como seres bisexuales; los naturalistas transformaron el romanticismo engendrando hijos poéticos como hombres armoniosos y fuertes; los que hemos hecho la última transformación de la prosa y de la poesía hemos engendrado estrofas y párrafos como hombres, con todo el fuego noble de nuestra alma y todo el respeto sagrado de nuestro corazón; pero Mallarmé, de quien vienen los espermatozoides tísicos, que los americanos a falta de bolsa espermática propia han tratado de difundir (a los muchos años de muerto el vate francés) por América (que no tiene literatura propia) y por España (que sí la tiene), Mallarmé, vuelvo a repetir, no engendró nada como hombre, sino como hermafrodita, y como los hermafroditas no sirven para la función de crear, de ahí sus versos cojos, su prosodia sin átomos de ozono, su color exangüe sin hierro, sus imágenes sin pinceladas de yodo, su sintaxis sin coyunturas, como la lombriz y su raquitismo sin fósforo, sin cales, sin oxígeno. Ni eso es nada alto, grande y digno de la Sagrada Poesía, ni tampoco en los idiomas europeos, con fisonomía propia, cabe esa prosodia extraña a la complexión Fisiológica de cada lengua; todo idioma que tenga que renovar su prosodia, necesariamente ha de hacerlo con elementos musicales propios, y no traídos del francés; y querer llevar a cada idioma prosodia y sintaxis de otro es tan estúpido como querer que un pez viva en el aire y un pájaro en el agua. Los extravagantes solo pueden masturbarse la fantasía, por no ser capaces de celebrar una amplia y honda y fecunda cópula con la Santa Poesía.

Ahora que estamos en pleno Mayo, saca a la vista la Naturaleza la variedad infinita de sus arquetipos, de todos sus moldes y troqueles, para enseñar una vez más, a los poetas, cómo se hacen los versos. Vea V. las rosas: todas tienen completos sus acentos; vea V. los claveles: todos tienen cabales sus versos; vea V. los jazmines: todos tienen los pétalos iguales; vea V. las hojas de cada planta, de árbol, de cada flor; todas son versos iguales, acentos iguales, rimas iguales. Y así hay que escribir los versos, como los escribe Dios y como los escribe la Naturaleza: aun dando una prosodia nueva a la poesía, como he hecho yo en España, y una savia y un misterio nuevo, los he escrito con un altísimo respeto a los acentos y a las rimas.

España no admite la prosodia francesa del extravagante Mallarmé, porque España tiene ya su prosodia moderna propia; lo demás son cosas de clowns de circo, volatines, títeres, propios de gente sin sustancia ni dignidad humana. En España hacen versos ridículos a lo Mallarmé sencillamente porque no pueden hacerlos tan altamente magistrales como los maestros, que han llegado a una perfección suprema.

Los poetas que no se ajustan para escribir versos a lo que impone rotundamente Dios y a lo que impone la sublime Madre Naturaleza no son, literariamente, hijos de la Gran Madre, sino solamente hijos de la Gran Puta.


SALVADOR RUEDA, carta a Marinetti contestando a la encuesta sobre el verso libre, Poesia.Rassegna Internazionale, II, núms. 3-5, apr.-giu. 1906, págs. 51-52, recogido por Marta Palenque en Salvador Rueda en el decurso de la lírica española, Biblioteca Virtual Cervantes. Todo el artículo AQUÍ