Aún en tanto que racionalista inhumano, no me interesaba demasiado lo que el dreyfusismo tenía de valiente. La valentía, por entonces, ya no me parecía en absoluto privativa de las buenas causas y ya sentía vagamente que no se trata de una virtud intelectual. El dreyfusista que sólo era heroico me dejaba bastante indiferente. Confieso que era lo que me ocurría con Zola. Un día en que lo encontré en el despacho de Yves Guyot pasamos a hablar de la filosofía del caso y me quedé sorprendido de la pobreza de sus puntos de vista. Habiendo yo dicho, más o menos, que el caso enfrentaba a los hombres sensibles al color, a los desfiles, al uniforme, con los hombres sensibles a la idea, los artistas y los intelectuales, respondió, como anonadado: “¡Es cierto lo que dice; lo que hay en el fondo de este caso es un conflicto de temperamentos!”. Todavía no se había dado cuenta… Me marché convencido de que los verdaderos valores del dreyfusismo estaban en otra parte y no en este buen hombre, que sólo me parecía bueno para el sacrificio.
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JULIEN BENDA, Memorias de un intelectual, Espasa, Madrid, 2005, pág. 124. Traducción de Xavier Pericay.