Tontos felices papando moscas, pastores fornicando a la sombra con su ganado, niños defecando en un tejado o trazando una soberana parábola de orina desde un balcón, tartamudos que responden al viajero y provocan una sorna previsible y pueril, lisiados que sobrellevan apodos de vulgar y escalofriante ingenio: con la perspectiva de medio siglo, la descripción de la Alcarria realizada por Camilo José Cela produce a la vez estupor e indignación.
JOSÉ MARÍA RIDAO, El pasajero de Montauban, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2003, recogido por Rafael Reig en Manual de literatura para caníbales, Debate, Barcelona, 2006, pág. 225