LEYENDO al padre Brown: los alardes de fe católica de Chesterton acaban siendo empalagosos, cuando no plenamente estúpidos, pero muy festejados. Exhalan un tufo revenido. Esa necesidad de afirmación agresiva de la propia fe, tan propia de conversos, no invita a compartir nada, al contrario, invita a cerrar la puerta. Creencias antipáticas. Más hoy, que se han convertido en munición política, si es que alguna vez habían dejado de serlo.
MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ, Vivir de buena gana, Alberdania, Irun, 2011, págs. 25 y 26